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Little rat Changed Little rat Changed
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Dad, are we gonna die?


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She had a friend.

El 22 de diciembre de 2012 a las 3 de la mañana, los perros dejaron de ladrar. Nadie sabe cómo, ni dónde empezó todo, pero esa madrugada todo se redujo a silencio y luz. Como si el universo entero fuera una película en pausa. Como si alguien o algo hubiera oprimido el botón del control que dice mute.
Abril 26, 2014
Varna, Bulgaria
4am
Sacudió a su hija para ver si todavía seguía allí, entre el plástico caliente y envejecido de un galpón abandonado.  La criatura apenas movía su cabeza, y seguía en la misma posición que la había dejado. Se acurrucó con la cabeza entre las piernas como un animal herido, soltó un llanto acumulado, y así se quedó hasta que la niña abrió los ojos. Hola papá, dijo.
Siguieron su camino.  En cada mochila había un par de provisiones, pero el tiempo se estaba acabando.
-       Papá, nos vamos a morir?
-       Claro hija, todos vamos a morir. Pero todavía no.
-       No me dejes sola.
-       Lo prometo.
Estaban cada vez más débiles. Su pierna rota en pedazos lo hacía reptar como una bestia. Su hija era el último rastro de humanidad que le quedaba, y no quedaba mucho tiempo para ninguno.


Hollywood, Estados Unidos de América
La caótica escena de hombres, viejos, mujeres y niños bailando al compás de los disparos, las bombas y los estallidos de las granadas tomó a Charlie Sheen por sorpresa. Ahora que había pasado por rehabilitación. Ahora que creía tanto en Dios que se había vuelto ministro. Ahora que era billonario y tenía su propia fundación de rehabilitación para niños actores. Era ahora que su casa estallaba en cámara lenta como una piñata frente a él. Gracias señor!, exclamó con ironía señalando al cielo, mientras arrojaba una botella de whiskey contra el último muro. Por supuesto, dada la naturaleza del asunto, nadie pudo escucharlo.



Lo que tenía, era la melancolía de ser necesitado. Ser indispensable para alguien. Alguna persona alimentando sus días llenos de nada, su atención y su ego. Charlie nunca llegó a enamorarse. Era muy joven, según él, cuando todo sucedió.


Chía - Cundinamarca, Colombia
Alfonso Cerón tenía una relación muy especial con su sillón de cuero. Él estaba allí cuando pasó todo, y él estaba allí ahora. Todas las noches a la misma hora, invocaba todas sus quimeras. Pensaba que al apagar la luz o tomar un libro, sus problemas se desvanecerían en el tiempo. El insomnio le recordaba el vacío de las horas. La vida humana se le antojaba un instante. Su casa y su sillón de cuero, eran los únicos vestigios de vida en toda la sabana. Dos semanas después de que todo terminara, se había ido a explorar, buscando alguna explicación. Estuvo en Bogotá, Zipaquirá y Cajicá. Quiso salir con su perro, pero lo encontró muerto al lado de la puerta. Recorrió la autopista con su paso lento. Se detuvo frente al parque nacional, y en un intento desesperado por vivir, apretó con fuerza las hojas de un árbol, que quedaron reducidas a cenizas en un instante. ¿Cómo sabría si era el último hombre sobre la tierra?
Alfonso Cerón siempre soñó con tener un poco de tiempo para él. ¿Qué hacer con las horas, ahora que las tenía todas?
Eran las 3:45 cuando el sol se oscureció, y todo quedó en silencio.


Tiemblan las paredes. El cielo resplandece y no deja de llover.


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